Los 10 Principios Bíblicos que nos dan identidad

Creemos en el Señorío de Cristo.

Éste es el principio rector y fundamental de la fe cristiana, la piedra angular de toda la doctrina bíblica.  En torno a este principio giran los demás. El Señorío de Cristo, además de ser fundamental en la teología, es una de las verdades más claras y eminentes en toda la Biblia. 1  Pedro 2:7; Efesios 1:22; 4:15; 5:23; Colosenses 1:18; 2:19.

Creemos en la inspiración de la Biblia y la autoridad del Nuevo Testamento.

Reconocemos la autoridad de las Escrituras porque son la voz de Jesús, y esto está directamente relacionado con el principio del señorío de Cristo. 2 Timoteo 3:16; Hebreos 1:1-3, 4:12; 2 Pedro 1:19-21.

Creemos en una membresía regenerada.

Una iglesia es la asamblea (congregación) de creyentes en Cristo, regenerados, que han nacido de nuevo y que han manifestado su conversión mediante el símbolo del bautismo que enseña el Nuevo Testamento. Estos creyentes se unen en una interrelación dinámica de amor y trabajo para buscar el adelanto del Reino de Cristo en el cumplimiento de la Gran Comisión. No creemos que se tenga que ser miembro de la iglesia para ser salvo, pero sí se tiene que ser salvo para ser miembro. Efesios 4:11-16; Mateo 16:16; Hechos 2:37-42. Creemos que la iglesia es un organismo viviente: El cuerpo de Cristo, 1 Corintios 12:27.

Creemos en una dinámica democrática incluyente.

En la iglesia Dios manda, Dios es el que gobierna.  De modo que la Iglesia es una monarquía donde el Rey es Jesucristo nuestro Señor.  Sin embargo, en la dinámica del trabajo, la colaboración y la toma de decisiones, todos los miembros tienen las mismas responsabilidades y los mismos privilegios, y todo esto se expresa en una democracia participativa en donde todos pueden trabajar, proclamar, aprender, crecer, creer, dar, obedecer, seguir, apoyar y juntos construyen el Reino del Señor (Hechos 6:1-7; 13-1-3, 15:1-14). No existe elite entre nosotros. Todos los miembros son iguales y tienen la misma capacidad espiritual para su funcionamiento en el Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:13).  Todos los miembros somos ministros del Señor (1 Pedro 4:10).

Creemos en la libertad religiosa y en la competencia de todo ser humano para acercarse a la gracia divina.

Éste es el principio de la libertad de conciencia.  En Horeb  creemos que todo ser humano es competente para relacionarse libre, voluntaria y personalmente con Dios sin necesidad de intermediarios. Por lo tanto, todo individuo es responsable de la persuasión de fe que desea tener y no debe tener ningún tipo de restricción social, política, económica ni religiosa para ejercer dicha responsabilidad.  Del mismo modo, toda iglesia o grupo religioso debe tener la libertad de propagar su fe, siempre y cuando respete en la misma forma a los individuos de responder o no a su predicación. (Isaías 55:1-7; Mateo 4:19; 8:22; 11:28-30; Gálatas 6:10; Efesios 4:1).

Creemos en la separación de la Iglesia y el Estado.

Basados en la Biblia, reconocemos la existencia del Estado (Mateo 17:24-27; Juan 19:11; Romanos 13:1-7), y los propósitos que Dios tiene también para éste: orden, justicia y bienestar social. También creemos que Dios nos ordena que obedezcamos y oremos por los gobernantes (Mateo 22:21; Tito 3:1; 1 Pedro 2:13-17). Creemos que debe haber autonomía e independencia de acción entre el Estado y la Iglesia, ya que cada entidad, Iglesia y Estado, es útil en su espacio y para su propósito específico (Efesios 1:21-22; 1 Timoteo 2:1-5). Creemos en la separación de la Iglesia y el Estado, aunque estamos conscientes de la relación práctica que existe debido a que los miembros de una iglesia son parte de la sociedad y ciudadanos del Estado.

Creemos que la Gran Comisión que Cristo nos dejó es hacer discípulos.

Este principio puede definirse en los siguientes conceptos:

  1. Cada cristiano es un evangelista.
  2. Cada miembro de la iglesia, un discipulador.
  3. Horeb una iglesia misionera, una iglesia que hace discípulos hasta reproducirse en nuevas iglesias.

La obra misionera y el evangelismo que expresa la Gran Comisión (Mateo 28:18-20) son la pasión de nuestra iglesia.  Creemos en un Dios misionero y somos un pueblo misionero.

Creemos en la santidad de una vida comprometida con los mandatos de Jesús.

Las enseñanzas del Sermón del Monte están vigentes y deben ser nuestro estilo de vida actual (Mateo 5-7). Entendemos que el comportamiento de los discípulos y ciudadanos del Reino, es una de las prioridades del Señor y el tema principal de su discipulado. Creemos en la santidad, que no sólo incluye evidencias superficiales y externas, sino que se experimenta en los pensamientos, las motivaciones, los sentimientos y los valores más profundos del ser humano (Filipenses 4:8; Colosenses 2:20-23; Salmo 1). Cada día buscamos ser más parecidos a Jesús.

Creemos en el “Perfil” bíblico de la iglesia y en una vida cristiana sana.

Creemos que Dios es un Dios con identidad que se identifica ante los hombres y reconoce la identidad de cada ser humano, pueblo o nación (Éxodo 3:3-14). Por lo tanto, creemos en la necesidad de buscar, conservar y defender nuestra identidad como iglesia. En el Nuevo Testamento existe un perfil de la vida cristiana, una definición de la fe verdadera y un modelo de iglesia. Nuestra meta entonces  es encontrar y vivir la identidad expresada en el pensamiento de Dios (Efesios 4:12-14; 1ª. Timoteo 3:15). Estamos de acuerdo en conservar y defender la identidad neotestamentaria de la iglesia en vez de caminar en pos de modas o movimientos de hombres que confunden la revelación con emociones y experiencias extra-bíblicas (Isaías 8:20; Efesios 4:14; 1 Juan 4:1).

Creemos en la interdependencia y colaboración de las iglesias locales.

Reconocemos la autonomía de cada iglesia local, pero no la independencia absoluta. Creemos que cada iglesia tiene compromisos y una necesaria relación con otras iglesias. Dos razones nos unen en colaboración intereclesiástica:

Primero: El ejemplo de las iglesias del Nuevo Testamento que tenían un compromiso Doctrinal: Hechos 15:1-23; 16:4-5, un compromiso Ético-Moral: Hechos 15:29; un Compromiso Organizacional: Hechos 15:36; 16:5; Tito 1:5-9, un Compromiso Económico: 1 Corintios 16:1-3; Romanos 25:27; un Compromiso Misionero: Hechos 13:1-3; Hechos 15:22-25.

Segundo: La demanda de la Gran Comisión: que es la coordinación de nuestros trabajos como iglesias para poder realizar en conjunto lo que no podríamos realizar aisladamente (Mateo 28:18-20; Hechos 1:8).